Uno de los peores engañabobos‎ del toluquismo está a punto de aparecer en la boleta electoral que habrá que tacharse dentro de un año. Si no sucede algo muy raro, Peña Nieto oficiará el “destape” de Luis Videgaray como su candidato único a la raída silla que de vez en vez ocupa en Palacio Nacional. El telonero de la ceremonia será el habilitado priista Ochoa Reza, por si faltara un impresentable. ¡Vaya trío de tres!
Usted lo sabe. Los priistas votarán en sentido afirmativo la decisión. Siempre lo han hecho. Aprobaron la postulación de los antecesores, la mayoría hombrecitos sin atributos que han despedazado al país en muy pocos años. Sin embargo, esto que les espera, no lo han visto ni en una película de terror de Bela Lugosi, cuando daba vida cinematográfica al Conde Drácula.
‎Si ya aceptaron que todo el aparato público le fuera entregado desde el principio del llamado sexenio –porque apenas duró unos meses– en charola de plata, si se ha comprobado que las posiciones estratégicas del aparato han sido aprobadas por su dedo, si ha atiborrado de favoritos el presupuesto público para regar el tepache, lo que sigue es coser y cantar.
Porque solo es preciso recordar las acciones de los últimos cinco años del Virrey Videgaray para que se dieran cuenta de la trampa adonde piensan llevarlos.‎ Porque parece que fue ayer cuando los boletines de la tan desacreditada Secretaría de Hacienda repetían un sonsonete macabro que atribuía a las reformas estructurales más poderes que al Niño Fidencio.

El mejor y más grande financiero del planeta y del Universo universal

Gracias a las reformas estructurales, decía Videgaray, vendrían al país inversiones por cientos de miles de millones de dólares, se crearían cientos de miles de empleos, se incentivaría la productividad, la competitividad y un nivel de desarrollo nunca visto, pues creceríamos a tasas superiores a 5 por ciento.
Videgaray, sí, quien fue el promotor y el ilusionista que glorificó al dichoso mexican moment, repartió a diestra y siniestra embutes y maleta$ a los textoservidores para difundir las dichas que presumía, concedió consejos a los países subdesarrollados sobre cómo lograr las demoliciones nacionales en base a los remates de la soberanía… y se adjudicó a costos altísimos para nuestros pobres bolsillos las mayores pre$eas internacionales, los reconocimientos de revistas londinenses y neoyorquinas, de sociedades secretas de explotadores, que le remataban la testa descobijada con coronas de laurel compradas con dinero ajeno: ¡era el más grande financiero del planeta Tierra, todititito el Sistema Solar y galaxias vecinas!
‎De paso, Videgaray aprovechaba para hacerse acompañar a esas ceremonias arregladas de antemano por el presidente virtual Enrique Peña Nieto, pues ya que andaba por ahí también sería designado el líder del Universo, el hombre que venía a salvar a México y todas las lindezas que se le ocurrieran a una mente enferma. Para eso estaban los anfitriones.

Se “prestó” el circulante monetario; despareció el subejercicio de 13

En México, Videgaray se daba el lujo de paralizar al gobierno, en espera de la entrada en vigor de las reformas estructurales: nada ni nadie debía moverse antes de que empezaran sus influjos bienhechores. Para qué caminar, si ya pronto empezaríamos a correr. Bajo ese garlito, tuvo la ocurrencia de agarrar “prestado”‎ el circulante monetario.
Sustrajo 2 billones de pesos, atribuidos al subejercicio del aparato gubernamental de 2013, para depositarlo graciosamente en algún paraíso fiscal y empezar a engordar el cochinito, esperando su destape presidencial prometido por Peñita. Del dinero no se volvió a saber.
Lo mismo pasó con los lingotes de oro que, complicitado con Carstens Carstens, sacó del país, con rumbo a sus bolsillos en el extranjero, acabando así con la única reserva monetaria real que el país tenía en el patrón original de cambio.‎ Conclusión: secó la economía, desapareció el circulante monetario y se robó nuestro oro macizo.

Condenó al vasallaje eterno a los mexicanos nacidos y por nacer

Pero con la palabrería hueca que repetían día y noche los foristas televisivos que cantaban las glorias de Videgaray, la sucesión del PRI para 2018 estaba decidida. El partido, gracias a las reformas estructurales, pasaría caminando, decían todos los lambiscones, desde el sitial de los intelecuales –¡por cuales!– consentidos.
Excepto aquí y en algún otro espacio, nunca se alzaron voces críticas. El país estaba enajenado, aletargado por grandes promesas, por una demencial “narrativa” –así llaman al discurso del engaño–, cuyo trasunto era plantear un modelo de crecimiento anexionista, sometido a la voluntad extranjera, condenando al vasallaje eterno a los mexicanos. A todos. A los nacidos y a los que están por nacer.
Hasta que todo salió mal.‎ Nada fue verdad. Todo reventó por una elemental falta de pericia para implementar en la práctica la confianza que le depositaron al toluquismo, las unanimidades de votación en el Congreso federal y en más de la mitad de los congresos estatales, para realizar reformas constitucionales a las partes más sensibles de la soberanía.
El país estaba entregado a las ilusiones, las cuentas de vidrio y los espejitos que traían las buenas nuevas del mayor financiero del planeta. ¡Ay de aquel que osara interponerse con un mínimo comentario en contra!, pues de inmediato era denostado como perro del mal, como ave de mal agüero por los foristas televisivos, paniaguados de Televisa, hoy en quiebra técnica.

La regresividad de su pésima reforma fiscal, inaudita: empresarios

‎Cuando empezaron a tomar forma las nuevas modalidades de la reforma fiscal operada por Luis Videgaray, los empresarios y emprendedores pusieron el grito en el cielo. La regresividad de la reforma fiscal era inaudita, acababa con los activos de la planta instalada, de las empresas, de cualquier posibilidad de empleo. Tronó la economía. Los toluquitas jamás metieron reversa, pues obedecían al gran e inimitable zar de las finanzas terráqueas y de los demás planetas del Universo universal.
‎Conclusión: paralizó la actividad económica nacional, jamás pudo rebasarse el uno y pelitos por ciento anual del crecimiento del producto interno bruto, se agotaron los empleos, se encabronaron los inversionistas nacionales, se fue el país al caño… y el PRI perdió ocho gubernaturas a manos de la oposición institucional, la más rosita. Una debacle jamás conocida, el comienzo del voto antisistema homologado.

Es un lacayo de Trump. Su visita a Los Pinos empoderó al gabacho

Luego, Videgaray fue designado por los gabachos como su lacayo ideal: tendió la alfombra roja de Los Pinos para atender a cuerpo de rey a un desquiciado que siempre se burló de los mexicanos. A precio de oro, con cargo a nuestros impuestos se hizo un ridículo que avergonzó a los bien nacidos. Trump fue empoderado por sus víctimas, gracias los engañabobos.
Y llegó la orden para investirlo canciller, un título demasiado costoso que ha servido para que Videgaray se ostente como el estadista que le hacía falta a México. ‎Aunque usted no lo crea, hay priistas que se han tragado esa aldaba. Claro, son los que pecan de ingenuos, la caravana de rotos que requiere un infame descosido.

Videgaray se vende como el protector de EPN, terminado el sexenio

La puntilla fue la cantidad de dinero público que Videgaray, en su carácter de jefe de la campaña de Alfreditito III –Miranda lo propuso, Nuño le dio el empujón y Meade lo financió por órdenes de su protector y antecesor– decidió encauzar hacia el derroche, la compra del voto y la desastrada vergüenza de los mexicanos en esa aventura oligofrénica de agradar a los de Atracomulco para acabar saliéndose con la suya. Fue la jugada o jugarreta con la que acabó de conquistar el ánimo de Peñita. Ya tenía este protector para “el séptimo año del sexenio”.
Setenta mil millones de pesos tirados al caño, a la defenestración del orgullo, a la burla descarada a la voluntad política, a un montaje cívico sin sentido para empoderar a un perfumadito sin cabeza.
‎Jamás se había visto sometido el presente y el futuro de la nación a un sujeto de tan baja estofa, al engañabobos a la medida de un equipo de paletos que muy pronto serán juzgados por la indignada voluntad del pueblo mexicano.
‎Y todavía falta hacernos la peor de las preguntas: ¿cuánto pagaremos para tener el honor de verlo ganar?
¿Usted qué haría?, pregunta desde Los Pinos el nefasto manipulado por el engañabobos Videgaray.

Índice Flamígero: Previo al tercer informe de su gobiernito, a finales de agosto de 2015, EPN hizo cambios en su gabinete. La idea era impulsar a algunos de sus secretarios de Despacho –no son secretarios de Estado, pues el nuestro es un régimen presidencial, no parlamentario– para ampliar la baraja de la cual sacaría el as que le sucediera. Así, pensando en que podría haber un acuerdo con el PAN para presentar un candidato único, sacó al Guasón Meade de la cancillería y lo mandó al populachero cargo de titular de Sedesol, para que se diera “un baño de pueblo”. A Rosario Robles la conservó como “mapache” electoral, sólo que ya no desde Sedesol, sino en la Sedatu. Invitó al vergonzante ex rector de la UNAM José Narro a Salud –aunque originalmente lo tenía pensado para la SEP, tras los pleitos a mordidas y arañazos de Emilio Chuayffet con el favorito Luis Miranda–, y se trajo de Querétaro a José Calzada a Agricultura. Con Videgaray y Osorio –más El Niño ñoño Nuño, quien se coló a Educación–, tenía ya a Meade, Narro y Calzada como el sexteto del que saldría su posible sucesor… pero al queretano, que todavía es titular de Agricultura, se le ocurrió presentar, inopinadamente y sin consultar, la famosa –e inútil, para todo efecto– 3de3 y, más rápido que Speedy González, EPN lo sacó de la lista de presidenciables. ¡Nunca le hagan eso! ¿Temas anticorrupción en casa de los corruptos? No. Ni hablar. Bye, bye Calzada, bye, bye.

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