Estas son las últimas palabras que escribió la revolucionaria polaca (cuando Polonia formaba parte del imperio ruso) Rosa Luxemburgo, frente a la catástrofe que se avecinaba, frente a su tragedia respondió con supremo valor, lo que la erigió en símbolo de resistencia. Sabía que asistía a su muerte, quería vivir por eso no se traicionó, más allá del abismo, decide fundirse con su historia. ¿Dónde está Rosa Luxemburgo? profesora en la escuela central del partido socialdemócrata; su lucidez intelectual le permitió reemplazar al economista marxista Rudolf Hilferding, reconocido como el más importantes teórico del partido socialdemócrata alemán. Esta marxista pacifista, que se opuso vehementemente a la Primera Guerra Mundial, era una defensora de la libertad, se enfrentó al derecho (envenenado) más brutal de la naturaleza humana: destruir. Con esa energía creativa, criticó a Lenin por su concepción centralista y autoritaria. Este espíritu libertario la lleva a escribir “La libertad solo para los partidarios del gobierno, solo para los miembros de un partido, por muy numerosos que sean, no es libertad en absoluto… la libertad es siempre y exclusivamente libertad para aquel que piensa de manera diferente”. Despierta, vibrante, crítica, infinitamente más libre, Luxemburgo, es un archipiélago que abre camino a un lenguaje, a una esperanza: el feminismo; ella será una voz valiente, activa de ese recinto secreto, lleno de imágenes borrosas, la antesala del desarrollo intelectual femenino; enfrentará su tiempo, la censura con inteligencia, ironía y generosidad. Con lucidez y talento hace añicos el estereotipo de mujer pasiva, inculta, sumisa, desafía la sociedad hostil, brutalmente misógina, su fuerza subterránea le permite no solo querer reflexionar en la realidad, sino crear otra realidad. Es una mujer transhistórica, capaz de vivir en épocas diferentes. Su vasto horizonte intelectual le permite a esta filósofa y escritora, realizar esta difícil, dolorosa travesía, entender el (su) universo, convertir los objetos en ideas. Una revolucionaria agitada por la historia, quería reescribirla, empujarla hacia otro presente y otro porvenir; inventora de laberintos, no se detuvo frente al miedo, a la soledad, a su río afluente personal, su búsqueda fue tan vasta que incluyó, incluso, el perdón para sí misma. Una revolucionaria crítica que se arriesgaba a equivocarse, sabía que sus opiniones podían resultar insostenibles en el futuro, no solo frente a los otros, sino también frente a sí misma, con esa razón defendía la libertad de pensar diferente.

Por sobrados méritos propios, Rosa Luxemburgo, su historia y fuerza intelectual se encuentra junto a Hannah Arendt, Simone de Beauvoir; su pasión por la política y las políticas civilizatorias muestran su comprensión del comportamiento humano. Estas tres figuras, con muchas otras más mujeres, conciben un puente que da lugar a una lucha tempestuosa, que transformará a las protagonistas de su historia. Enfrentar la autoridad, impugnarla, hacerla añicos, rebelarse contra los agravios, era desde luego, un sufrimiento evitable, pero indispensable. La gran virtud de estas pensadoras, es su capacidad para volver humana la esperanza profunda, el lenguaje, el camino a una sociedad vital. Idealistas, sus convicciones las liberan y liberan la tenacidad, los compromisos y convicciones que encarnan la experiencia y la vida de la mujer y su circunstancia. Estas pensadoras trascienden su tiempo, las vincula una simbiosis, un mapa envolvente que asocia sus intereses, su pulso cotidiano, su ansiedad, la opresión de la atmósfera, preocupaciones comunes. Infatigables, sin restricciones, enfrentan al poder, cuestionándolo, denunciándolo; son las mujeres hechas de una mezcla de benevolencia, alegría, lucidez, sentido del humor, ironía, y, en general, de una magnánima comprensión de todo lo humano. Son las mujeres del mañana, no pertenecen solo al pasado, sino al futuro, a lo que está por llegar.

La obra de Luxemburgo, es basta y, aunque descansa sobre algunas interpretaciones equívocas, muestra su comprensión del Estado y la sociedad desde la dinámica propia de su tiempo. Esta pensadora ofreció un marco interpretativo que interpelaba o matizaba la teoría marxista. ¿Dónde está Rosa Luxemburgo? La encontramos en el lenguaje libertario, en la lectura constante del mundo, en lo que apasiona dentro de la razón. Sobrevive en la tragedia que nos enciende, en un instante de luz, en una sociedad libre, porque sin ella nunca sabremos realmente los que pensamos, Luxemburgo es una necesidad vital del pensamiento liberal, democrático que tiene mil hilos. México espera, reclama, muchas Rosas Luxemburgo.

Comentarios