Yo lo publicaré bajo mi firma: José Luis Cuevas

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Polo Castellanos

En días pasados salió publicado un interesante artículo: “Gómez Sicre, el inventor de Cuevas” (Excelsior, 16/07/2016) de Edgar Alejandro Hernández, en el que pone en duda la autenticidad de los polémicos artículos periodísticos del pintor José Luis Cuevas al demostrar que estos eran escritos por su mentor José Gómez Sicre, director del departamento de artes plásticas de la Organización de Estados Americanos (OEA). El asunto tiene importancia si tomamos en cuenta que eso sucede en el contexto de la Guerra Fría y la Guerra Sucia y abona a la investigación sobre la injerencia de los aparatos de inteligencia estadunidense en México y América Latina también con la manipulación de muchos artistas, como lo he mencionado en otros artículos.
No se trata de satanizar a nadie ni estigmatizar la obra de los artistas, ni está en tela de juicio la obra plástica, pero sí poner el dedo en el reglón sobre la participación probada de los servicios de inteligencia en los movimientos artísticos. La colaboración, no solo de Cuevas sino de otros artistas –como el caso del escultor Feliciano Béjar, quien abiertamente expresó su admiración por el capitalismo después de recibir una serie de apoyos– y mayoritariamente los artistas de la mal llamada “ruptura” que fueron beneficiados también con espacios, becas y toda una estrategia mediática, propagandística e ideológica para posicionarlos a toda costa, no es una casualidad. Incluso, por encima de las mismas élites del poder, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) usó tapaderas para distribuir los recursos económicos y humanos ya que el Congreso estadunidense se oponía tajantemente al arte moderno por “salvaje, feo y pecaminoso” como lo expresó en su momento el congresista estadunidense George Dondero, según Frances Stonor en su libro La CIA y la guerra fría cultural. La razón era y sigue siendo simple: tirar los discursos sociales y políticos del arte latinoamericano, parar el avance del socialismo, romper con el nacionalismo de la Escuela Mexicana de Pintura y el muralismo que incluso eran bastiones de militantes de la izquierda internacionalista; pero sobre todo preparar un terreno desde el arte y la cultura, reventando los imaginarios colectivos de la identidad nacional, para facilitar acciones neocolonialistas en otros ámbitos de la vida de nuestra nación. Acciones que hoy estamos ya viviendo.
Pero no solo pasó en México, pasó también en los Estados Unidos, en todo el mundo. Los artistas de la “ruptura” y el señor José Luis Cuevas no tenían presencia en ningún lado, hasta que llegó Gómez Sicre con las mismas estrategias a nivel regional, que utilizó la CIA a nivel global con el crítico Clement Greenberg para encumbrar otro grupo de desconocidos que, según ellos, inventaban el expresionismo abstracto. Al final, rutas para el arte creadas desde la manipulación, el ejercicio del poder y la especulación en donde artistas como los de la “ruptura” funcionaron de peones en el gran engranaje de las políticas de “guerra cultural” diseñadas por Estados Unidos como parte de las operaciones de “guerra psicológica” implementadas en contra y para someter culturalmente a nuestros pueblos.
Aunque pareciera un complot de los “Expedientes X” en “una gran conspiración del gobierno para encubrir la existencia de vida extraterrestre”, los hechos y documentos siguen saliendo a la luz. La CIA ya desde entonces está metida hasta en la sopa en nuestro país. El hecho de que Gómez Sicre apareciera en la escena cultural en momentos en los que el arte social y político del socialismo tiene una gran fuerza y en el que la Revolución cubana se está desarrollando y su influencia en América Latina representa una amenaza para los Estados Unidos no es una casualidad, como tampoco es una casualidad la visceralidad y el discurso reaccionario y clasista de los escritos firmados por Cuevas y aparentemente escritos por ese oscuro personaje fundador de los primeros museos de arte moderno en Latinoamérica.
Pero no hay que desgarrarse las vestiduras, ya en ese entonces los expresidentes López Mateos, Díaz Ordaz y Luis Echeverría eran agentes de la CIA, la operación Litempo, “una red de agentes pagados y colaboradores dentro y en torno a la oficina presidencial” estaba en marcha, según Winston Scott, exdirector de la CIA en México. Que utilizaran a un artista como Cuevas y a una generación para sus fines políticos lo hace totalmente creíble y hasta lógico. Y aunque Cuevas niega todo argumentando que son calumnias, no sería la primera vez que el señor diga una mentira, tergiverse en su beneficio o magnifique algún hecho debido de su megalomanía sin límites.
Sin embargo, entre los dimes y diretes sobre la verdad o el infundio y si José Luis Cuevas escribía sus propios artículos o no, resulta irrelevante. Los documentos encontrados solo siguen confirmando el grado de infiltración de los servicios de inteligencia en las áreas de la vida política, económica, social y artística de nuestro país a través de tan siniestros personajes como Gómez Sicre que se dedicaron a utilizar artistas o a sumarlos, como a Cuevas, a esa cruzada para hacer real el Destino Manifiesto de los gringos y el triunfo absoluto del capitalismo. Y aunque parezca inverosímil, el perverso sello de la Agencia Central de Inteligencia sigue apareciendo por todos lados.

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