Con esta frase, muchos miles de cubanos y de latinoamericanos le dieron el adiós al polémico personaje cabeza del movimiento que liberó a Cuba de muchos años de la tutela gringa, que a través de gobiernos dóciles y timoratos, que siguen abundando en nuestra región, y habían convertido a la isla en un simple burdel para pasear, emborracharse, drogarse o comprar sexo, a miles de gringos, apapachados por los cubanos favorecidos por ese turbio negocio a la sombra de la dependencia respecto de EU.
Las imágenes trasmitidas desde muchos sitios, en muchos momentos, muestran a muchísimas personas viviendo un duelo que no es para nada imaginable, como un homenaje a un tirano, a un mentiroso o a un corrupto, como lo han tratado de dibujar todos los interesados en desacreditar y menospreciar la trascendencia histórica de Fidel y todo el movimiento revolucionario que encabezó, desde que inició el movimiento el 26 de julio de 1953, que continuó en el desembarco en 1956 habiendo salido de Tuxpan, Veracruz, hasta lograr el derrocamiento de Fulgencio Batista el primero de enero de 1959 e instaurar un gobierno que en muchos sentidos ha sido radicalmente distinto a muchos otros, especialmente por sus objetivos y metas, su arraigo popular, su radicalismo y especialmente por haber enfrentado en condiciones muy desfavorables al coloso del norte.
No es posible minimizar el impacto destructivo y paralizante que ha tenido el hostigamiento gringo a lo largo de más de 50 años; con cientos de intentos de asesinato contra Fidel y su alto mando; con un bloqueo total que aún hoy continúa a pesar del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y los EU; sabotajes de todo tipo, especialmente de tipo bacteriológico; intentos de invasión frustrados; y una larga lista de agresiones permanentes que desestabilizarían a cualquier nación, excepto una que tuviese una dirección como la del equipo de Fidel y el respaldo de un pueblo decidido y organizado.
Y no es que el entusiasmo izquierdista me desborde, no, porque como todo proyecto humano que se realiza en condiciones de mucha adversidad, no puede decirse que el régimen de Fidel haya estado exento de errores, y algunos sumamente graves, que le han permitido a EU y sus aliados los cubanos refugiados principalmente en Miami levantar toda una campaña de años para convencer al mundo de lo “nefasto” que ha sido Fidel. Lo mismo han intentado muchos gobiernos latinoamericanos que han visto en el mal ejemplo cubano un peligro para su propia dominación, incluyendo a casi todos los gobiernos priistas y panistas mexicanos.
Las cifras relacionadas con la educación, la salud y la ausencia de pobreza extrema no son ya cuestionables, pues son los propios organismos dependientes de la ONU quienes han divulgado los innegables éxitos de una nación pobre, sometida a agresiones constantes y bloqueo, en su afán de construir otro tipo de sociedad. Y esto a pesar de que perdió en el pasado mucho del apoyo que le brindara la URSS y países del llamado mundo comunista que se desintegró junto con la desaparición del bloque soviético en la década de 1990.
Cuba libre es algo increíble, luego de tantos problemas amenazas e infortunios. A tiro de piedra del poderoso enemigo, solo un espíritu gigantesco como el de Fidel y el de su pueblo pueden salir vencedores de esta guerra injusta, desproporcionada en fuerzas y exageradamente prolongada.
Muchos compañeros míos, que vivimos el movimiento estudiantil de 1968 y muchas otra luchas posteriores por lograr que la democracia y la justicia tengan plena vigencia en nuestro país, no pudimos sino inspirarnos en lo que era el movimiento revolucionario encabezado por Fidel y el Che. Ante lo turbio que se ve el panorama mundial, albergamos la esperanza de que los pueblos explotados del mundo transiten por el camino de la reflexión, la toma de conciencia, construyan organizaciones democráticas y críticas que les permitan alcanzar, ya sin la violencia, una sociedad menos injusta y más al alcance de nuestra dignidad.
Es conveniente invitar a todos aquellos que tenemos el hartazgo de vivir una situación como la actual en nuestro país, a conocer los detalles de todos estos hechos históricos, a cuestionar lo que se hizo bien y lo que no, a juzgar el papel de tantos personajes a los que solo conocemos por lo que la bonita prensa o la culta televisión nos han presentado, para ampliar nuestro horizontes y no caer en el pesimismo ante lo que cotidianamente observamos.
Por ello, en mi caso, es justo decir Yo soy Fidel.

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