“Yolanda Tellería no sabe gobernar”, dice contundente una manta colocada en uno de los puentes sobre la avenida Colosio, una de las principales vías de esta ciudad, Pachuca. Así de fuerte, así de grosero e irrespetuoso.

Desde que inició su gestión, la alcaldesa de Pachuca ha padecido señalamientos que han sido y son recurrentes; la mirada es acuciosa sobre sus acciones de gobierno y el cuestionamiento es permanente. ¿La razón?

Se pueden dar varias explicaciones. La primera es que se trata de la segunda gestión panista en este municipio (la primera de José Antonio Tellería, 2000-2003), en un entorno y momento político del partido en la gubernatura, el Revolucionario Institucional, en el que se replantean y se cuestionan qué hicieron mal a nivel nacional y local, y qué pueden hacer para mantener la hegemonía, pese a que perdieron el Congreso del estado en cuanto a mayoría y representatividad.

Otra posible causa es que, también por segunda vez, la capital del estado es gobernada por la oposición y esto molesta y urge acciones contundentes que anulen cualquier posibilidad de volver a perder la dirección del enclave del estado.

Una razón más de lo que vemos y vivimos en cuanto a la gobernanza de la titular de esta capital es que es mujer, aunque ya estuvo en el mismo encargo la priista Geraldina García Gordillo, 2010-2012, y si no sufrió el mismo acoso es porque pertenecía al partido en el poder. Así de llano y de real. Sin embargo, hoy en el caso de Yolanda Tellería, además de ser de un partido de “oposición”, llega en un momento político de “equidad”, de “paridad política”, de “igualdad” de oportunidades para las mujeres. Y si bien en el discurso está bien, en los hechos causa malestar. Dentro de la controversia sobre sus acciones de gobierno se le pide más y mejor, que si los parquímetros (cuando estos fueron acuerdo del anterior munícipe Eleazar García), que si los acuerdos y permisos a ambulantes (cuando es un tema de políticas económicas y de sobrevivencia que sobrepasan los paliativos discursivos), que si la carpeta asfáltica en todo Pachuca (que está tan mal que se le ha bautizado “Bachuca”, porque no hay calle ni colonia que se salve de los “cráteres” del asfalto) es fruto de su nula acción, cuando es cuestión de recursos y planificación.

En fin, son todos esos factores conjugados los que han hecho que Yolanda Tellería sea blanco de la discordia política, de los costos de una errada política económica a nivel nacional y local, y, sobre todo, de la misoginia de los jerarcas y grupúsculos del poder.

Cabe preguntar y preguntarse: ¿de verdad Yolanda Tellería “no sabe gobernar”?, o es el ejemplo vivo y exacto de un momento político, económico y del estatus del respeto a los derechos de las mujeres en la vida pública del país.

Para llegar a entender cuál es el real origen de esta constante actitud de algunos sectores hacia la alcaldesa, bastaría con revisar cómo se miró y evaluó a los anteriores presidentes municipales. Por cierto, casi 100 por ciento del Partido Revolucionario Institucional. Por ejemplo, y para argumentar, el inmediato anterior Eleazar García fue tratado por los medios de una manera singular: se volvieron voceros de sus acciones, logros y obras. Los medios locales ponderaban tanto y tan bien que parecían oficinas de comunicación social del gobierno. Pocos señalamientos a su hacer o deshacer: “Eleazar García: hemos invertido más de mil millones” (17 de septiembre de 2014, http://www.unionhidalgo.mx/articulo/2014/09/17/gobierno/eleazar-garcia-hemos-invertido-mas-de-mil-millones); “Alcalde Eleazar García reconoce labor del Cuerpo de Bomberos municipales de Pachuca” (23 de agosto de 2016, http://www.cursorenlanoticia.com.mx/?p=60038); “Alcalde Eleazar García Sánchez encabeza el programa Pachuca te cobija (24 de enero de 2016, http://www.newshidalgo.mx/alcalde-eleazar-garcia-sanchez-encabeza-el-programa-pachuca-te-cobija/); “Alcalde entrega deportivo en Pachuca” (12 de enero de 2015, https://www.unotv.com/noticias/estados/oriente/alcalde-entrega-parque-deportivo-en-pachuca-850714/).

Esto, sin duda, conlleva a formarse una idea, una opinión y percepción sobre la capacidad de gobernar del presidente municipal en turno. De aquí que al ser reiterada y divulgada de manera importante la información sobre los huecos o insuficiencias de Yolanda Tellería, la ciudadanía quizá interprete que la alcaldesa no está haciendo bien las cosas y sin saber muy bien por qué mantas como la mencionada (“Yolanda Tellería no sabe gobernar”) dan la explicación: no puede, no sabe, no es capaz. Es temerario afirmar así nada más que porque es mujer, pero si antes los cuestionamientos públicos, los rumores, los comentarios sobre el marido y su protagonismo que sobrepasa a la misma alcaldesa y ella no hace nada por contenerlo o ponerlo en su lugar, se llega a la conclusión de que es porque es mujer; antes que política, esposa que se deja dominar, donde obedece y se somete a la tutela del marido. Revisado el contexto podemos darnos cuenta que ser mujer se usa como elemento principal para denostarla, desacreditarla y anular su autoridad.

En una época y momento político de supuesto respeto y reconocimiento de la capacidad de las mujeres, este tipo de estrategias de la arena política son deleznables y fuera de razón. La congruencia no se puede pedir porque este es el nivel real de nuestros representantes de partidos, de gobiernos y de funcionarios, pero también de la ciudadanía, porque se permite y no se separa una cosa de otra porque no se ve, no se entiende y no hay conciencia.

Yolanda Tellería quizá no sabe gobernar, pero no por ser mujer, sino porque es un mal endémico de nuestra clase política, si no, no podríamos entender por qué y cómo hemos llegado a ser el país que somos: pobre, corrupto, violento e inseguro para sus ciudadanas. Esto aplica en lo local y lo nacional. Las cifras y hechos diarios, en lo micro y en lo macro, lo confirman. Dejemos ya la misoginia, superemos nuestra pobre mentalidad y cultura medieval. Estamos ya en el siglo XXI y las facturas son muchas y de gran envergadura, pero no solo nos toca “pagarlas” a las mujeres. Tiempo de cambios, pero sobre todo de pensamiento y concepciones de vida.

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