*El fracaso real ha sido con el peñismo
*La amenaza del fraude electoral

El Peña mentiroso. El Peña bravucón. El Peña amnésico. El Peña irresponsable. El Peña divagante. El Peña cínico. El Peña extraviado. El Peña priista.
Todos esos Enrique Peña Nieto se fundieron en uno solo: en el Peña que lanzó un discurso tan lamentable como vociferante, tan rufianesco como errático, durante el aniversario 88 de ese partido reumático y corrompido por los corruptos: el PRI. Esa desgracia nacional que mientras se mantenga en el poder presidencial evitará que la democracia florezca en México. Sí: mientras el PRI continúe enquistado en el poder político, no habrá democracia plena. Es una ecuación absoluta y comprobada.
Porque lo que dijo Peña Nieto en el cumpleaños del PRI, fue un ejercicio de irresponsabilidad máxima. Advertir que habrá “un retroceso” si en el 2018 gana la oposición –o entiéndase: si no gana el PRI–, fue encender el pasto seco bajo dos vertientes: apabullar a cualquier otra posibilidad política que elijan los mexicanos, y enviarles a las yuntas priistas la señal de ganar a como dé lugar, incluido un fraude electoral.
Peña Nieto fue irresponsable: un presidente de la República debe actuar como estadista, aun frente a sus partidarios. Como político de altura, promoviendo la democracia. Como mandatario imparcial, garantizando la pluralidad por encima de todo. Pero no. En su discurso como priista, el priista Peña Nieto volvió a enseñar cómo fue moldeado y de qué está hecho: bajo el fuego del priismo mexiquense, el más dañino, el más corrupto, el más antidemocrático.
Dice Peña que hay “riesgo de retroceso si gana la parálisis de la derecha o el salto al vacío de la izquierda demagógica”. ¡Por favor, señor Peña Nieto! ¡Si su gobierno es el emblema del retroceso histórico de México, incluidos el presidente corrupto y enriquecido brutalmente junto con su familia y algunos de sus colaboradores! ¿De qué retroceso habla Peña?
Peña es amnésico. O tramposo. O ambos. Hay que recordarle y citarle, entonces, algunos ejemplos del retroceso en el que ha caído México a partir del retorno del PRI a Los Pinos y, particularmente, lo que ha significado Peña Nieto como Presidente:
Retroceso 1: La economía, y su desplome. Peña y Videgaray la recibieron en 2012 con un crecimiento de 3.9 por ciento, y en 2013, se desplomó a 1.1 por ciento (Fuente. Inegi). Hoy por hoy, no supera siquiera 2 por ciento.
Retroceso 2: Lo político, cuando Peña Nieto ungió como “ejemplos del nuevo PRI” a Javier Duarte y a Roberto Borge, adalides de la corrupción moderna, símbolos del saqueo de las arcas públicas. Los Peña, Duarte y Borge, como políticos y en cualquier país, equivalen a un retroceso para el avance nacional.
Retroceso 3: La corrupción, mostrándose ante el mundo como un presidente corrupto y corruptor, beneficiándose de sus vínculos con Grupo Higa y OHL, adquiriendo para la familia presidencial la llamada “casa blanca”; solapando a Luis Videgaray que bajo el mismo esquema de conflictos de interés compró su mansión en Malinalco. Al ritmo priista mexiquense de yo te doy contratos públicos y tú me das casotas; cerrando los ojos a la evidente y escandalosa corrupción de la fauna Montiel, Moreira, Duartes (Javier y César), Borge y compañía. 2012-2018 será, por siempre, el emblema del gobierno de la corrupción.
Retroceso 4. La ineficacia, con reformas descarriladas: la energética, que no se refleja en los bolsillos de los mexicanos. La fiscal, que crucificó a millones de contribuyentes, exprimiéndolos en sus ingresos, mientras a las grandes empresas se les perdona fiscalmente y a pequeños y medianos negocios se les impide crecer. La educativa, avanzando en algunos rubros, pero fracasando en lo integral: Nuño confundió la ruta al pensar que con meter a la cárcel a los líderes de la CNTE se mejoraría al sistema educativo. No fue así. Y si no entiendes un problema, menos podrás resolverlo.
Retroceso 5: La mentira, con un caso Ayotzinapa lleno de falsedades desde la PGR de Murillo Karam, trampas en la investigación y embustes que solamente enredaron el vergonzante episodio para tratar de encubrir, ante los ojos azorados del mundo, lo que ocurrió: 43 normalistas fueron masacrados por delincuentes, ante la colaboración y la pasividad del Estado mexicano. Ni más ni menos. (A mayor detalle, ver libro El derrumbe. Capítulo: “Ayotzinapa: la herida que no cierra”. Editorial Random House. Martín Moreno).
Retroceso 6. El hartazgo, con un presidente pequeño, muy pequeño, con solamente 12 por ciento de respaldo ciudadano, aborrecido por sus escándalos de corrupción, exhibido por sus ignorancias e inculturas, arrinconado por la historia y por sus propios tiempos. Peña cree que el sentir ciudadano está en las huestes priistas que, cegadas y fanatizadas, le aplaudían como focas bobas durante el discurso aberrante del aniversario del PRI.
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Malo, que Peña Nieto pronuncie un discurso tan aberrante.
Pésimo, que lance el mensaje de ganar a como dé lugar en 2018.
Pero que no nos asusten las vociferaciones de Peña Nieto: votemos libremente el año próximo, castiguemos a los corruptos y a los malos gobernantes, y sepultemos a quienes de la política han hecho, en este sexenio, un festival de la corrupción.

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