La escasez de agua potable en Zimapán, por las características geológicas de la región, es un problema que no por silencioso deja de ser grave. El propio alcalde Eric Marte lo reconoció en una entrevista ayer. Es de tal magnitud, dijo el edil de extracción panista, que Zimapán es el segundo lugar a nivel mundial en consumo de agua contaminada por metales. En 2011 el gobierno estatal anunció la construcción de dos plantas potabilizadoras para tratar la presencia de arsénico en el agua de Zimapán y hacerla compatible con la norma mexicana. No obstante y una vez que ya están en funcionamiento, el problema sigue: el propio Marte explicó que si bien las plantas han ayudado, la contaminación persiste porque ahora se encuentra en la red. Según Marte, la presencia de minerales en el líquido ha provocado la presencia de sarro en la red hidráulica, lo que hace necesaria su sustitución. El problema es que para ello se necesitan 250 millones de pesos, una cantidad de dinero que es equivalente a dos veces y medio el presupuesto que tuvo el municipio en 2017. Ese año Zimapán contó con un presupuesto de egresos de 91.3 millones de pesos, lo que hace totalmente inviable para el municipio financiar una obra de tal magnitud. Por eso, el alcalde Marte anunció que acudirá al Banco Intermaericano de Desarrollo (BID) para buscar financiar la obra. Esto es impostergable pues lo que está en juego es la salud de la población. Las consecuencias de la presencia de arsénico aún no se conocen con precisión, pues los estudios para conocer con exactitud de qué manera está afectando a la salud de los habitantes del municipio están en curso. Se trata de una acción que debe llevarse a cabo de manera inmediata. De filón. En la Huasteca parece que a nadie le importa que su patrimonio histórico se lo lleve el diablo. Los sitios arqueológicos no solo nadie los preserva, sino que también nadie evita que sean saqueados para construir viviendas.

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