Existe una frase muy popular que reza “viva el rey, muera el rey”. Hace referencia a la naturaleza inestable de la opinión pública respecto a un evento, un lugar o una persona. Cuando el receptor de idolatrías hace valer su estatus, todo es felicidad; cuando falla, todo se desmorona sobre él. Eso ocurre en casi cualquier escenario de la vida en sociedad: la política, el arte, las relaciones laborales y, por supuesto, el deporte. En el futbol nos sobran ejemplos. El más reciente: Zinedine Zidane.
¿Qué está pasando con el Real Madrid? Recientemente los blancos fueron eliminados de la Copa del Rey por un equipo de nómina considerablemente inferior. Además, se encuentran en una escandalosa desventaja de 19 puntos respecto al puntero de la liga. Independientemente de si Barcelona gana o no estas dos competencias, una cosa es segura: el Madrid no lo hará.
Pese a esto, los dirigidos por el astro francés muestran señales de vida al hilar dos goleadas consecutivas, recuperando a hombres vitales como Cristiano Ronaldo y Gareth Bale, quienes han brillado por su ausencia en momentos clave. Esto no solo responde a la premisa inherente del club español de “ganar, golear y gustar”, sino también en miras al partido de Champions League ante el París Saint-Germain.
Si eres hincha merengue seguramente se te erizó la piel al leer esta última frase. Y si eres fanático de CR7 y compañía es probable que no estés nada contento con el funcionamiento de tu equipo. Así lo han manifestado miles de madridistas que piden que Zizou pase por la guillotina cual Luis XVI del balompié. La pregunta es: ¿sería correcto prescindir de Zidane al término de la temporada?
La respuesta es un rotundo no. Zizou ha errado y es el principal responsable del estrepitoso declive de su equipo, sin embargo, también fue artífice del año más brillante en la historia del club madrileño que concluyó hace menos de un mes. El originario de Marsella levantó cinco títulos de seis posibles en 2017, siendo uno de ellos el primer bicampeonato de Champions League en la historia. Es por ello que le ha sido fiel a sus grandes figuras, quienes, no obstante, no le han pagado con la misma moneda.
Rotaciones erróneas, falta de fichajes en el mercado de invierno, excesiva complicidad con jugadores fuera de ritmo y falta de autocrítica: esos han sido los pecados de Zidane. El técnico del Real Madrid merece continuidad por la amplia historia que ha escrito en tan poco tiempo. Eso sí, está obligado a girar el timón y levantar la orejona para reivindicarse.

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